Las emociones, clave para ganar elecciones según expertos en estrategia política

Amor, odio, miedo y orgullo superan a los argumentos racionales y se convirtieron en el motor de las campañas electorales modernas.

Las emociones, clave para ganar elecciones según expertos en estrategia política

En la política contemporánea, los sentimientos pesan más que los argumentos. Así lo plantea Gabriel Slavinsky en su análisis “Las emociones hacen ganar elecciones”, donde destaca que las campañas modernas no solo buscan convencer con ideas, sino generar sensaciones que conecten con los votantes.

Según Slavinsky, procesos como la “americanización” de las campañas y la videopolítica, sumados a la revolución digital post pandemia, transformaron la forma en que los ciudadanos reciben la información política. Los debates ya no se desarrollan únicamente en comisiones o en el Congreso: hoy la discusión ocurre en plataformas como Twitter —hoy X— o en programas televisivos, en un escenario marcado por la velocidad, la inmediatez y la exposición constante a estímulos.

En este contexto, las emociones se volvieron el recurso principal de la comunicación política. “Las emociones transmitidas o despertadas en la audiencia parecen ser la droga política de la nueva era”, afirma Slavinsky, al explicar que simplifican la información, reducen el tiempo de atención del público y transforman la política en un espectáculo que entretiene y moviliza al mismo tiempo.

La investigación destaca que los votantes suelen recordar lo que sienten más que lo que escuchan o leen. Por eso, incluso quienes diseñan programas sólidos corren el riesgo de que sus propuestas queden ignoradas si no generan conexión emocional. “Es positivo tener un buen plan, pero si no hay conexión a través de emociones y sensaciones, será un excelente programa guardado en el cajón del escritorio porque pensamos lo que sentimos”, explica Slavinsky.

El análisis también señala que emociones como el amor y el odio cumplen un papel central. Mientras el afecto hacia un candidato o partido genera lealtad, el rechazo a un adversario consolidado moviliza a los votantes con fuerza sorprendente. Expertos coinciden en que el odio puede ser incluso más unificador que el amor, ya que define pertenencia y objetivos claros en común.

El psicoanalista Luis Gratch aporta otra mirada: “El ser humano es un racionalizador de sus emociones con el objetivo de generar un pasaje por lo racional para que lo emocional cobre para nosotros un sentido más lógico”. Y agrega: “Exaspera a nuestro ego aceptar que somos más emocionales que racionales”, reforzando la idea de que la política moderna no puede ignorar los sentimientos al diseñar estrategias.

Además, Slavinsky subraya que la eficacia de un mensaje no depende solo del contenido de las propuestas, sino de la capacidad de generar identificación y sintonía con el público. La política se parece cada vez más a una relación humana: no se trata únicamente de confrontar ideas, sino de hacer sentir al ciudadano, de transmitir esperanza, orgullo, sorpresa, miedo o indignación. “Hacer sentir, de eso se trata”, concluye el análisis, sintetizando el cambio de paradigma: la emoción se volvió la principal herramienta para movilizar y persuadir al electorado.

En definitiva, la política contemporánea combina espectáculo, cercanía y experiencia sensorial, y quien logre conectar emocionalmente con los votantes tendrá mayores chances de éxito electoral. La estrategia ya no está centrada en quién tiene la mejor propuesta, sino en quién logra generar la mayor conexión emocional con la ciudadanía.

NoticiasD

10 Septiembre 2025